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Una salida de largo alcance

Por Fernando Toledo- Escritor y comentarista de temas culturales - Octubre de 2002

"Al Salir de la Crisálida", en un panorama acostumbrado en exceso a las puestas en escena colectivas, a las propuestas que rayan en la astracanada o que, con pocas excepciones, se asoman al boulevard, resulta refrescante y esperanzadora.

Desde el principio de la obra el espacio escénico se impregna de una fuerza dramática cuya intensidad, subrayada por el uso hábil de un buen surtido de lenguajes, no decae ni un instante. Del cabaret al teatro épico, pasando por el auto sacramental, el humor, cáustico casi siempre, y la vigencia de un drama relacionado con el entorno de intolerancia, producen a lo largo de toda la historia de la monja alférez, personaje entre real y mítico de la colonia americana, una atmósfera parecida a la de los esperpentos, pero con un tono aún más efectista, en la medida en que se inmiscuye en la contemporaneidad del lenguaje posmoderno para producir en el espectador una reacción que trasiega entre la carcajada, como mecanismo de defensa, y el silencio propio de la reflexión.

Los textos, mesurados y sin embargo llenos de matices, barrocos a veces y minimalistas por momentos, se enriquecen con una gestualidad de caricatura para poner a punto un relato cuyo sabor es el de un plato fuerte de la mejor sazón. La dirección escénica es precisa y subraya la ambigüedad, que juega el papel de hilo conductor de una narración en la cual se plantean como temas centrales la diversidad, la exclusión y el valor de la androginia.

Juliana Reyes, autora del texto y directora, Tino Fernández director coreográfico, y Marvel Benavides, Julián Román, Giovanni Galindo, Alexis Calvo, Fernando Posada, Jimmy Vásquez y Liliana Escobar, actores polifacéticos y recursivos, en varios papeles cada uno de ellos, consiguieron el incuestionable primer lugar de la oferta teatral colombiana del año.