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Una puesta sorpresiva

Por Diego León Giraldo S. Subeditor de EL TIEMPO - septiembre 12 de 2002

Uno de los retos que se debe imponer el teatro es sorprender. Al salir de la crisálida, la pieza de la Compañía L'Explose que se está presentando en la Casa del Teatro, en Bogotá, es un buen ejemplo de la comunión que se puede establecer con el público si el reto se supera.

Juliana Reyes, la dramaturga y directora de la obra que ademas ganó una beca del Distrito para el montaje, usa elementos del cabaret para ponernos a pensar. Una de las ventajas es que los espectadores pueden dedicarse a divertirse solamente o pueden analizar cada parlamento y la puesta en general para disfrutar de la aguda y severa crítica social que está implícita.

La identidad es el tema central, pero tratada de una forma inusual, es algo que siempre ha estado presente en los trabajos de esta compañía que la semana próxima viajará, con La mirada del avestruz, a la Bienal de Danza de Lyon (en Francia); junto al Colegio del Cuerpo, de Cartagena, y el Carnaval de Barranquilla.

Todo el texto está construido en verso. Las frases, bien compuestas, están cargadas de un humor recalcitrante y los siete actores interpretan fodo tipo de personajes. Las coreografías, de Tino Femández, no son pretenciosas y divierten. Se nota el trabajo y la seriedad en la ejecución; eso lo agradece el público.

Giovanni Galindo, como el conductor del cabaret, se destaca con su parodia de este estilo nacido en la Alemania de la posguerra y que ha tenido grandes representantes en Broadway. Alexis Calvo nos dibuja una sonrisa permanente y, por su talento, es un importante descubrumiento para el teatro.

Unos pocos elementos, algunas telas, telones y luces nos reconcilian con el teatro de verdad, ese que está hecho de ingenio y en el que -como dice la obra- todo es artificio pero permite soñar.