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L'Explose aborda el problema de la violencia de una manera poética.

Por Diego León Giraldo S. Subeditor de EL TIEMPO - Marzo 3 de 200

La memoria del desconsuelo Tierra negra, tierra que se levanta y se mete por los ojos, que impregna la piel y mancha la ropa, color de tierra en la lengua, sabor de tierra en la boca y tierra en las uñas de los pies. Así es La mirada del avestruz, la pieza de la compañía de danza L’Explose que se verá el martes y miércoles en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño y que además estará en el próximo Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.
Cinco mujeres y cuatro hombres ponen en escena los dolores, las soledades, las ansiedades y los desconsuelos de la guerra que vive el país. Tino Fernández, el coreógrafo y director, y Juliana Reyes, la dramaturga, han creado un montaje en el que “la violencia está mostrada a través de los recuerdos” y no de atropellos o de la ilustración de ataques y golpes.

“Me hicieron falta seis años de vivir en Colombia –dice Fernández– para empezar a entender la historia de este país”. La mirada del avestruz, ese memorial de dolorosas remembranzas, es también una metáfora de la nación que oculta la cabeza bajo la tierra para no ver el problema de fondo.
Según los creadores, Sé que volverás y Por quién lloran mis amores (sus anteriores montajes) fueron el preámbulo para esta pieza que más que una obra teatral o de danza es un performance del que el espectador no podrá salir inmune.

Marvel Benavides, Ángela Bello, Natalia Orozco, Leyla Castillo, Fabiana Medina, John Henry Gerena, Antonio González, Fernando Ovalle y el mismo Tino van recomponiendo sus historias íntimas y personales como en una colcha de retazos que no es otra cosa que la romería de hombres que corren por este país sin saber de dónde vienen, para dónde van y mucho menos dónde están.
Los desterrados, que somos todos los colombianos, somos los protagonistas de una obra que conmueve las fibras más íntimas y que lleva del llanto intenso a la ternura. “Es que hasta lo más horrible tiene su lado hermoso”, dice Juliana.

Según Tino Fernández, la creación es un espacio de reflexión que tiene como única intención la de conmover. “Que haga pensar a la gente sobre el lugar y el tiempo en el que está; sin ningún planteamiento ideológico”.
Si algo caracteriza la obra y la acerca más al performance es justamente la honestidad de cada uno de los monólogos danzados. “Fue fácil crear. Las improvisaciones salieron sin esfuerzo demostrando que la violencia es una cosa que está en la piel de todos los participantes”, añadió la dramaturga.
El teatro, con situaciones concretas, con pequeñas historias como monólogos, fue el punto de partida. Luego se llegó a la abstracción y al sentimiento puro; a las huellas que quedan en los ojos y los cuerpos de todos.

Por Diego León Giraldo S. Subeditor de EL TIEMPO - Marzo 3 de 2002