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La Crisálida en el armario

Por Ignacio Ramírez, Cronopios - Agencia de Prensa septiembre 2 de 2002

Una puesta en escena donde la metamorfosis corre por cuenta de la Imaginación del público.

Cien minutos de plena intensidad esperan a los espectadores de La Casa del Teatro de Bogotá cuando se dispongan a participar en Al salir de la crisalida, una obra dirigida por Juliana Reyes, quien con ella ganó la Beca de creación para jóvenes directores convocada por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo.

Aunque se promociona como la historia de doña Catalina de Erauso, una mujer nacida en el año 1585, cuyo deseo de conocer al mundo la llevó a escapar de los hábitos religiosos y vestirse de hombre, tal referenda apenas flota como simple metáfora desde el momento en que, apenas comienza la escenificación, un San Sebastián aún no flechado se envuelve en el capullo blanco de una tela, que será clave y símbolo para que cada espectador ponga a volar su imaginación a medida que la música y la danza, la palabra y la plástica se integren y cautiven su atención, porque se trata mas de una alegoría a los deseos, las frustraciones, las esperanzas y los sueños andróginos del mundo entero, que de una mujer vestida de hombre, como se supone que ha de verse.

Al fondo hay una puerta que pronto se convertirá en armario, caja mágica, tunel del tiempo por donde entran y salen constantemente los personajes que son monjas, niños, obispos, marionetas, travestis, militares, acróbatas, atletas, danzarines, corpulentos machotes o frágiles mujeres, enanos y gigantes siempre dispuestos todos a la metamorfosis, el cambio de la piel, el vértigo, los claroscuros, el caos y la armonía, todo al tiempo, como sucede siempre que se juntan el sueño y la vigilia, la realidad y la ficción, la extraversión y el miedo.

Si, quizas sea Catalina de Erauso en la edad media, vagabunda alferez de su majestad, huyendo del convento y pidiendo clemencia al Papa Urbano VIII, para contarle su historia y lograr la absolución de sus pecados y obtener la licencia para seguir vestida de hombre disfrazando su delirio, pero como la música y el baile, las contorsiones y los diálogos se apoyan en el lenguaje genérico del Cabaret Alemán, lo que se aprecia es la armonía integral, la muy buena actuación, los elementos de la dramaturgia encajados en la acertada puesta en escena, que avala a Juliana Reyes como directora, reconfirma otra vez a Tino Fernández como excelente coreógrafo y sustenta las buenas actuaciones de Marvel Benavides, Giovanni Galindo, Julián Roman, Jimmy Vásquez, Liliana Esobar, Alexis Calvo y Carlos F. Posada.

La obra es divertida, hace reir y pone a pensar, y al salir de La casa del Teatro, que es la crisálida de los espectadores, queda la sensación de haber batido bien las alas de la imaginación... e irse volando.