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El tiempo de un silencio: La nueva creación de L'EXPLOSE

Por Adela Donadio - Directora Casa del Teatro Nacional, Colombia

En esta nueva creación de L´Explose Danza Contemporánea, la ruptura amorosa es la motivación, la inspiración. En el proceso de un duelo hay estados, emociones, sensaciones y percepciones de tal intensidad que las palabras se quedan cortas. Y si aparecen las palabras, corren el riesgo de reducir ese vértigo que parece no tener fin, cuando el “otro” ya no está. Esto lo saben muy bien los artistas creadores de L´Explose, la dramaturga y el coreógrafo.

Todo aquello que crece en el inmenso campo de la separación amorosa, es el terreno fértil del cual brotan con fuerza las imágenes de esta obra, por momentos sutiles y sugerentes, y de repente agresivas, desesperadas y dolorosas, matizadas por instantes de sosiego.

El lugar común del despecho, es reemplazado por la expresión descarnada, abierta y franca de los intérpretes, que nos ofrecen el duelo al descubierto, como si nos fuera permitido el ingreso a la intimidad más “íntima”, a dónde usualmente no dejamos entrar a nadie, más que a nuestra conciencia.

En un juego de dobles, de pares, de espejos, hombre y mujer viven los momentos del duelo amoroso. Cada uno está en su espacio, solitario y aislado, pero al espectador se le invita a experimentar simultáneamente las dos vivencias, y la interacción de cada uno con su conciencia, con su alter ego. En permanencia dos focos vivos, dos espacios paralelos, dos centros de gravedad, para presenciar cómo el hombre, y cómo la mujer van transformando el sentimiento de la pérdida amorosa. En la soledad, aparece el doble, la sombra, el otro “yo” obligando a cada sujeto a verse, a abismarse, a seguir hasta el final del túnel. Este es quizás uno de los recursos más sólidos de la pieza, la presencia de estos intérpretes de la conciencia, de la otredad, cumpliendo su función de espejo, con crudeza, con ironía y por momentos con cierto humor. La purificación es el momento culminante. Sigue el final: el reencuentro con el otro, con el propio ser, el comienzo de un nuevo ciclo, en este mismo espacio, o en otro. Un final que insinúa la repetición constante, como lo dijera Beckett en Esperando a Godot: “Las lágrimas del mundo son inmutables. Cuando alguien empieza a llorar, alguien deja de hacerlo en otra parte”

Este es el recorrido emocional de la pieza, en un espacio que no preexiste, que se va haciendo con el ingreso de los objetos a la escena. Y estos son vivos y orgánicos como las plantas y el agua, o cotidianos y anodinos como un sillón y un escritorio, pero entran y salen como parte de esta propuesta de espacio móvil y cambiante, casi a la manera de una instalación, que va creando la atmósfera propicia para cada estado emocional. Todo se corresponde y es coherente, en esta nueva creación de la compañía que tiene que ver, con cierta renuncia a la nostalgia y a la evocación, para entrar en un trabajo sobre la expresión directa y explosiva de los mundos íntimos, en tiempo presente.

Es bueno ver las constantes de un grupo, que como L´Explose es fiel a sus elementos, como el agua por ejemplo, o sus temas como la indagación de lo femenino y lo masculino, pero es mejor aún ver las variables, como en este caso la música que cede más espacios a los silencios, al vértigo mismo, al grito y a los estados emocionales depurados, o la introducción de elementos nuevos, como las plantas que son una barrera viva y real entre los dos universos de los personajes, y también son su propio edén.