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Cuarteto de venas rotas

Por Diego León Giraldo S., Subeditor de Cultura - El Tiempo, Colombia, Junio 16 de 2005

Esta compañía de danza explora la estética de la crueldad y se regocija con el dolor para generar identificación entre los espectadores. ¿Quién no ha sentido morirse tras una ruptura?, esa es la pregunta. que dibujan en escena.
Una pareja se despide con un largo abrazo y su dolor invade el espacio. Sus cuerpos parecen desmoronarse con los sonidos largos de la música y el espectador siente ese golpe sordo en el estómago que dejan las ausencias, los amores rotos, los romances imposibles. Es el comienzo de El tiempo de un silencio, la pieza de danza contemporánea que hoy estrena la Compañía L 'Explose en la Casa del Teatro.

La exitosa llave de Juliana Reyes en la dramaturgia y de Tino Fernández en la coreografía y dirección desandan los pasos en un tema que tanto les gusta representar: el de los dolores del alma.

En esta ocasión, con un cuarteto en el que Marvel Benavides y Wilmer Rivera son los amantes, y Lina Gaviria y Fernández son la conciencia, los amigos paño de lágrimas y el polo a tierra, durante una hora, ellos nos llevan de la mano por un mundo de cotidianidades en el que es muy fácil reconocerse.

"No queríamos hacer concesiones con la música ni con la puesta", dice el director para referirse a lo fácil que hubiera sido caer en clichés para hacer brotar la lágrima fácil. Por eso, como añade Reyes, la escenografía es tosca (una mesa, una silla y algunas plantas), sin belleza aparente y la música no es anecdóctica ni la más tradicional a la hora de hablar del despecho.

Los cuerpos, a diferencia de sus otros trabajos en los que la poética está en el erotismo y la sensualidad, son tratados sin consideración, con una agresividad que duele al espectador pero que no es otra cosa que un fiel reflejo de ese estado en el que ni siquiera cortarse las venas es suficiente para acabar con el dolor del alma.

"Hay luces de neón que recrudecen más la puesta, que no hacen ver bellos los cuerpos", agrega Fernández. "Los seres humanos también somos horribles, y eso es lo que mostramos", apunta Marvel.

Sin embargo, en ese aparente regodeo con la crueldad hay un hilo conductor que se convierte en una apuesta estética que termina siendo crudamente bella.

En la obra, que fue beca nacional de creación otorgada por el Ministerio de Cultura, hace dos años, Wilmer Rivera hace su debut con L'Explose. Él, que viene del teatro musical, ha tenido que apropiarse de esos lenguajes que para el resto de los integrantes son plenamente conocidos.

Según Lina, "acá hay que sostener el personaje durante una hora. En eso, nos diferenciamos de lo que él hacía en los musicales, donde los bailarines tienen números o entradas determinadas".

"Hay espacio para la improvisación, pues aunque hay una línea dramatúrgica, los movimientos siempre se adaptan al cuerpo del bailarín", explica Juliana para referirse a la manera como Rivera se integró al trabajo y al reemplazo que hizo, pues el bailarín que interpretaba su personaje se fue a vivir a Canadá.

Y por ser un género emparentado con el teatro, este de la danza contemporánea que practican ellos, se nutre de la vida misma, de sus propios dolores y ansiedades. Al final, la intención no es dejar moraleja de ningún tipo. "Solo queremos coreografíar emociones", interrumpe la dramaturga.

En El tiempo de un silencio,como en la vida misma, se pasa de ese shock inicial tras la ruptura a la destrucción y al desastre extremo, algo que con sus movimientos quieren comunicar al público.